El desembarco de Normandía y el día “D”, iconos de la democracia: 1944-2014.
Por Alfredo Pastor Ugena. Doctor en Historia
Última actualización 09/06/2014@23:56:52 GMT+1
“Más de 5.000 barcos, 8.000 aviones, y 130.000 hombres en ocho divisiones durante la primera oleada se lanzaban sobre Francia para hacer llegar a Europa el mayor ejército jamás transportado, abrir el frente occidental y arrinconar definitivamente a la Whermacht de la Alemania nazi que había ocupado Europa desde 1939. La operación Overlord, dirigida por el general norteamericano Eisenhower, había comenzado”.
:Preparados para el desembarco en las playas de Normandía
La derrota de Hitler, en las batallas de Stalingrado y Kursk contra el Ejército Rojo de la URSS, fueron las dos últimas ofensivas de envergadura nazi. La realidad es que a principios de 1944 la Alemania nazi no había sido aplastada: disponía aún de formidables divisiones y el temido Muro Atlántico: una red de fortificaciones búnkeres, minas, cañones, nidos de ametralladoras, que poblaban las playas de Francia.
De hecho, los Aliados habían fracasado en gran medida en Italia: el éxito de la Operación Husky, el desembarco en Sicilia acabó en papel mojado cuando la Wehrmacht clavó a británicos y estadounidenses en Montecassino, una batalla de cuatro meses -18 de enero al 18n de mayo de 1944- que paralizó cualquier avance desde la península italiana.
El fracaso en Italia, y la necesidad de dividir a los alemanes en dos frentes, ponían fácil la decisión el mando aliado; para derrotar al Tercer Reich y poder poner fin a la guerra: habría que desembarcar en Europa y tendría que ser en Francia desafiando el temido muro atlántico nazi, para asestar el golpe definitivo.
El 6 de junio de 1.944 ,entre las seis y las siete de la mañana, las tropas Aliadas desembarcan en las costas de Normandía, en Francia. Establecen cabezas de puente y abren así un segundo frente al Ooeste del Reich Alemán, ya amenazado en el Este por el avance del Ejército Rojo, que ha liberado Bielorrusia y se acerca incontenible a Polonia
Fue el mayor desembarco de invasión por mar en la Historia, conocido también como día “D” u Operación Overlord, hecho histórico esencial en la Segunda Guerra Mundial, llevada a cabo en el noroeste de Francia entonces ocupada por la Alemania nazi, en un espacio geográfico formado por 80 kms de costa donde el 95 por cierto son playas.
El desembarco fue ejecutado por las fuerzas aliadas , cuyo esfuerzo se concentró en la liberación de Francia y llegara hasta el mismo corazón del Tercer Reich, en Alemania. Los preparativos de la operación Overlord se iniciaron en Gran Bretaña. Para el desembarco se dividió el sector de Normandía en cinco playas o zonas de influencia, que de oeste a este se bautizaron las con los nombres en clave de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. En este desembarco, dirigido por el general americano Eisenhawuer quien diseñó la misión basándose en las experiencias obtenidas por los Aliados en sus desembarcos en Marruecos, Argelia, Sicília y Salerno, destacó también en la zona aliada el general inglés Montgomery, mientras Rommel lo hacía en el bando alemán.
El plan aliado consistía en desembarcar en las playas una formidable cabeza de puente, establecer puertos artificiales en tanto se tomaban Caen y Cherburgo romper la resistencia alemana en el poco favorable terreno normando, penetrar en la llanura francesa, liberar París, los puertos de Bretaña y abrir finalmente el definitivo paso para penetrar en Alemania hasta encontrarse con las tropas rusas, finalizando la guerra con la rendición incondicional de Alemania.
Al mando de las tropas alemanas se encontraba el Mariscal Erwin Rommel, si bien, después de su suicidio forzado, fue sustituido por el general Günte von Kluge. Éste también se suicidó y fue sustituido por el general Walter Model que también se quitó la vida tras la derrota alemana en la Batalla del Ruhr (Alemania) ya en 1945, y que abrió definitivamente a los aliados las puertas del corazón del Reich.
Los alemanes, esperaban una invasión, pero ignoraban la fecha y el lugar en que se produciría.. En 1.942 Hitler manda construir fortificaciones costeras, la Atlantikwall (Muralla del Atlántico), una línea de defensa costera llena de grietas y mal pertrechada en amplios sectores, pero sobrevalorada por la propaganda oficial nazi, como el muro de defensa de la “Fortaleza Europa”.
El infierno fue Omaha. Los 130.000 hombres estaban repartidos en cinco objetivos, las playas denominadas-como he señalado anteriormente- como Utah, Omaha, Juno, Gold y Sword. Las dos primeras a cargo de las divisiones estadounidenses bajo el mando del general Bradley, y las restantes por británicos y canadienses bajo el del general Montgomery: Juno los canadienses y Gold y Sword los británicos.
La falta de preparación de los alemanes para el eventual ataque aliado despejó el avance en la playas de Utah, Gold, Sword y Juno aunque ninguno de los objetivos se conseguiría sin numerosas bajas, el verdadero infierno lo sufrieron en Omaha donde una combinación de errores provocaron una carnicería en la línea de la playa
Asímismo levantan obstáculos en las playas y siembran las costas francesas de minas terrestres. En 1.943 continuaron los trabajos y en 1.944 Hitler ordenó acelerarlos estableciendo como zona de prioridad el paso de Calais. Confía en sus “armas secretas”, ahora a punto, para aplastar a Inglaterra: las “bombas volantes”, V1 y V2 (V, inicial de Vergeltung, “venganza”; también conocidas como “arma de represalia 1“).
El camino para la liberación de Europa estaba trazado por los mandos aliados. Iltre. estaba obstinado en la idea de que el desembarco era una maniobra de diversión y que el ataque principal se produciría en Caláis, ordenó contraatacar con todas las fuerzas disponibles en lugar de efectuar un repliegue ordenado de cara a estabilizar el frente. Demasiado tarde. París fue liberado en agosto, y los aliados efectuaron otro desembarco en la costa mediterránea de Francia (Operación Hábil) como refuerzo. Ahora, lo único que separaba a los Aliados del corazón del Reich era la Línea Sigfrido y el Rhin. El camino hasta Berlín estaba abierto. Normandía, una región al norte del Canal de la Mancha con agrestes playas, sería el objetivo elegido: la mayor operación militar de la historia de las guerras se libraría, bajo el nombre en clave de Operación Overlord: -Comandante Supremo- y la fecha, finalmente el 6 de junio de 1944, a pesar del mal tiempo.y también la victoria de los aliados como así ocurrió.
Con el desembarco de Normandía comienza la última etapa de la Guerra que concluiría con la derrota completa de Alemania y Japón (Italia ya había sido neutralizada en 1943 con la caída de Mussolini. El Día “D” y las victorias consiguientes rompieron el frente alemán occidental en Europa. La victoria en Normandía fue el comienzo del fin que permitió la victoria definitiva de la democracia sobre el imperialismo expansionista fascista. El yugo nazi se bate en retirada siendo además más oprimido por el avance de los rusos en el frente oriental.
La victoria en Normandía cambió la faz del mundo democrático-occidental, al comenzar los países aliados a doblegar al totalitarismo nazi ,que comenzaba a replegarse poco a poco hasta su propio espacio geográfico, que sería posteriormente sometido, ocupado y dividido.
Un nuevo cambio geopolítico anhelante de libertad comenzaba a vislumbrar en la Europa ocupada por Hitler y del horror que puso en marcha el 1 de septiembre de 1939 este dictador nazi.
El Día “D” fue el comienzo del cambio definitivo que se impone en la mayor parte de Europa en la segunda mitad del S.XX: la libertad, la democracia y el modelo capitalista-occidental comienzan a imponerse a los modelos totalitarios, primero a los de derechas (fascismo y nazismo) y posteriormente al de izquierdas (comunismo): a este último tras la política de Bloques y la Guerra Fría.
Desembarco de las tropas aliadas en Normandía...
domingo, 25 de mayo de 2014
MONJAS, PASTAS Y PASTELES: El ARTE DULCE DE LA GASTRONOMÍA.
Los viajeros y turistas que se acercan por las provincias de la geografía española, se encuentran con unos dulces manjares, exquisiteces culinarias cargadas de cultura y tradición, a los que muchas veces se les extrae de la cultura gastronómica más al uso, que se recrea y se difunde con pujanza en los medios de información, concursos y exhibiciones culinarias .
Tiempo, paciencia, manos delicadas y buenas materias primas ponen el eco de la tradición de la gastronomía dulce en manos de las monjas que interpretan una variedad de rectas-muchas veces ancestrales- y utilizan estos “mimbres culinarios” que exaltan nuestros paladares.
Hoy vamos a hacer referencia a este patrimonio culinario que las monjas de Burgos guardan entre los muros de sus conventos y que nos ofrecen con todo su amor y arte.
Elaboran sus renombradas pastas, pasteles, rosquillas, tartas y trufas de chocolate, entre otros productos, que ponen el tono de ese magnífico olor en la esfera de nuestros sentidos: con toda propiedad se puede decir que en los alrededores de muchos conventos y monasterios femeninos huele a gloria bendita.
Merece la pena acudir a alguno de los muchos monasterios de clarisas, dominicas, carmelitas, cistercienses o benedictinas de Burgos y su provincia (Medina de Pomar, Belorado, Briviesca, Lerma, Caleruega, Palacios de Benaver, Villamayor de los Montes, Castil de Lences,etc., para adquirir alguna delicia conventual. Nuestro paladar y nuestros sentidos quedarán plenamente satisfechos.
No sería de justicia si no citamos también la labor de los frailes en este sentido. Por ejemplo en el monasterio de San Pedro de Cardeña los monjes cistercienses elaboran el licor Tizona del Cid, con hierbas aromáticas y que lleva este nombre como homenaje al legendario héroe castellano.
También las pastelerías de los pueblos, villas y ciudades burgalesas están bien surtidas de sabrosas y originales reposterías. Quizás el pastel con más fama es el chevalier , fino bollo relleno de nata que fue creado por un pastelero de la capital. Son también de finura exquisitez las rosquillas de Medina, los bollos de mantequilla de Villarcayo, los florones de masa frita de Aranda.
Entre estas variedades no podemos dejar de destacar: las milhojas, los obuses y bartolillos rellenos de crema , las pajaritas de Pascua, los jesuitas, los besitos, las yemas de canónigo, los huesos de Santo y los roscos de San Lesmes, entre otros.
Las almendras garrapiñadas de Briviesca, los empiñonados de Aranda y las citadas yemas de canónigo de Burgos, son también dulces exquisitos que deleitan el tradicional sabor popular. En la capital de la Bureba se elaboran las garrapiñadas desde el siglo XIX, con varias fábricas dedicadas en la actualidad a su producción. Según sus fabricantes, su originalidad y fama merecida provienen de la muy caliza agua de Briviesca con la que hierven las almendras y el azúcar. Este es también un ejemplo de la rica y variada gastronomía burgalesa, sinónimo de calidad.
ALFATUR 12
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PASEOS POR LA HISTORIA DEL ARTE. ESCULTURA, ESTATUA DE FELIPE IV EN LA PLAZA DE ORIENTE (MADRID), por Alfredo Pastor, Catedrático y Doctor en Historia
Pietro Tacca (Carrara, 6 de septiembre de 1577 – Florencia, 26 de octubre de 1640) fue un escultor italiano, el máximo representante en Toscana del gusto barroco. Fue el principal alumno y seguidor de Giambologna. Tacca comenzó en un estilo manierista y trabajó en el estilo barroco en su madurez. El italiano Pietro Tacca realizó este retrato ecuestre de Felipe IV que se encuentra en la Plaza de Oriente de Madrid. Tacca esculpió el caballo en corbeta y sostenido con las patas traseras y la cola, y el rey a caballo con la bengala de mando en la mano derecha, mira hacia el centro de Madrid. Foto: Madrid.com
En los jardines de la Plaza de Oriente de Madrid, entre el palacio real y el teatro real, se halla la estatua ecuestre del rey Felipe IV de Augsburgo, realizada en 1640 por el escultor florentino Pietro Tacca. Se alzan monarca y caballo en un elevado pedestal rodeado de esculturas, relieves y estanques. Un monumento de los más admirados de Madrid, por belleza y elegancia, cuyo conjunto inauguró Isabel II en 1843, y que cuenta con lo que otros no tienen: la relevancia de las personas que intervinieron en su ejecución.
Se trata de la primera estatua equestre con el caballo levantado sobre sus patas traseras. Realizada por Pietro Tacca en Florencia, éste se basó en un cuadro de Diego Velázquez (actualmente en la Galería de los Uffici) y en el cálculo estructural sobre emplazamiento del centro de gravedad sugerido por Galileo Galilei. Además se encargó al escultor español Martínez Montañés (1568-1649) de realizar el modelado de la cabeza del rey. Tres genios reunidos para hacer esta enorme y destacada estatua.
La gestación de la obra podría remontarse a 1631, cuando el rey Felipe IV concibe la idea de construir un magno y lujoso palacio en Madrid que deslumbrase al mundo, digno acreedor de la fortaleza de la monarquía española. Los terrenos elegidos estaban al otro lado de Madrid; en lo que se convirtió en El Buen Retiro, extensa finca que entonces llegaba hasta el Paseo del Prado.
En 1634, Velázquez concluye el cuadro ecuestre de Felipe IV. Éste envía a Tacca-por encargo del rey-a Florencia un boceto de cómo ha de ser el encargo. :un cuadro casi idéntico al que había acabado en Madrid para el Salón de Reinos El boceto enviado presentaba diferencias, pero lo sorprendente no es eso, sino que Velázquez pretendiese que Tacca se las ingeniara para realizar una escultura ecuestre de grandes dimensiones y peso, en posición de corveta, es decir, con las patas delanteras del animal en el aire, apoyándose tan sólo en las dos patas traseras y en la cola si ésta se procuraba que actuara como una tercera pata o punto de apoyo.
Velázquez, aunque tenía que ser consciente de que hasta entonces no se había hecho ninguna estatua similar, siguió adelante con su empeño, lo que no deja de ser ciertamente enigmático. En este reto de la escultura, Tacca buscó – como ya hemos señalado anteriormente-el apoyo y consejos de Galileo Galilei(quien le sugirió hacer la escultura en dos partes: la de alante hueca, y la de atrás maciza para mantener el equilibrio: fue la primera escultura así concebida y supuso el nacimiento de la estatua ecuestre en esta modalidad, técnica que se empleó en los siglos posteriores.
La estatua ecuestre, realizada en bronce, iniciada en 1634, no la concluyó Pietro Tacca hasta 1640, el mismo año en que fallece; al año siguiente llegó la estatua a España. En esos seis años de trabajo, Tacca no puede olvidar el segundo gran problema; el que de verdad le parecería insoluble: como sostener obra tan pesada sobre las dos patas, aun recurriendo disimuladamente a la cola del animal.
Felipe IV rey de España, de Nápoles, de Sicilia, y de Cerdeña. Llamado El Grande, o Rey Planeta, fue rey de España desde 1621, hasta su muerte ocurrida el 17 de Septiembre de 1665 Esta estatua ecuestre está entre las tres o cuatro más importantes del mundo por su elaboración y belleza
Esta estatua ecuestre de Felipe IV es una obra de una calidad excepcional en la que el caballo marchara al galope, a diferencia de la de su padre Felipe III que iba al paso. Posteriormente se la colocó sobre un alto pedestal decorado con dos bajorrelieves en sendos laterales: uno de ellos es una alegoría a las artes y a las letras, y el otro muestra a Felipe IV otorgando a Velázquez la Cruz de Santiago. Se debe a los escultores de cámara Francisco Elías Vallejo (1782–1850) y José Tomás (1795-1848), quienes finalizaron el conjunto escultórico en 1843. En las otras caras se sitúan dos lápidas con inscripciones alusivas a la inauguración del monumento, promovido por la reina Isabel II.
La base, hecha en piedra de granito, está custodiada por cuatro leones de bronce, ubicados en posición de descanso en cada esquina. Un bloque rectangular, dispuesto oblicuamente en relación con el pedestal, les sirve de asiento. Las figuras fueron fundidas por Elías Vallejo.En el lado este de la base, frente al Teatro Real, se emplaza la escultura de un anciano, igualmente realizada por este último escultor, que simboliza al río Jarama. Bajo la misma hay colocada una fuente, conformada por dos pilas en forma de concha, cuyas aguas se depositan en un pilón semicircular.
Este esquema se repite en la cara oeste del monumento, enfrentada al Palacio Real, en referencia al Manzanares. El anciano que representa a este río aparece apoyado sobre una vasija, de la que brota un surtidor, que arroja agua a las conchas y éstas al pilón.
En los frentes del monumento se situaron dos fuentes en forma de concha, sobre las que una alegoría de un río (representada por un anciano) vierte agua en una urna. Un león de bronce en cada una de las esquinas completan todo el conjunto que realizaron los aludidos escultores de cámara Francisco Elías y José Tomás.
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PASEOS POR LA HISTORIA DEL ARTE, LA PINTURA, por Alfredo Pastor Ugena
La reina Isabel I de Castilla, conocida como “La Católica”(1451-1504) madre, reina, estadista , mecenas de artistas y escritores, vivió entre finales Edad Media y el umbral de la modernidad renacentista. Fue una mujer que se adelantó a su tiempo. Es posible que no naciera para ser reina pero sí demostró a lo largo de su vida que había nacido para reinar.. Fue una persona siempre comprometida con los ideales espirituales, culturales y humanísticos. Ella se había encontrado con una Castilla desmembrada, en apuros, y la devolvía a sus sucesores como la espina dorsal de un imperio, el primer imperio de la Edad Moderna.
Contrajo matrimonio (19 de octubre de 1469), con el que sería Fernando II de Aragón (1452-1516) recibiendo ambos el título pontificio de Reyes Católicos. Ambos monarcas hicieron posible la Unión de Reinos logrando una monarquía autoritaria, hispánica, nacionalista y dual, creando en la Península uno de los primeros Estados modernos de Europa.
Los Reyes Católicos no crean una España unificada pero la doble monarquía no es tampoco una simple unión personal. Con ellos España se convierte en ámbito político y toma una forma original que se conservará por lo menos hasta principios del siglo XVIII.
Aunque en el cuadro aparece también la princesa Isabel de Trastámara, haremos especial mención a su único varón, su heredero, el Príncipe Juan de Trastámara y Trastámara (nació en Sevilla en 1478), casado con Margarita de Austria, pudo haber sido el rey de Aragón, Castilla, y Navarra, “el primer rey de España”, pero murió prematuramente en Salamanca en 1497, a los diecinueve años: el viento de la muerte se llevaba la Casa de Trastámara, forjadora de la unidad nacional El futuro de España cambiaba por completo. Para el pueblo llano fue el Príncipe que “murió de amor”. Era la esperanza de España a la manera de un príncipe del Renacimiento. La Reina Isabel I nunca se recuperó de la muerte de su hijo.
El cuadro de La Virgen de los Reyes Católicos fue pintado entre 1491 y 1493. Se trata de un temple sobre tabla de 123 x 112 cms y su fecha se establece hacia 1490. Esta obra sintetiza a la perfección la simbiosis entre pintura flamenca y patrocinio real. La composición es similar a la de una sacra conversazione, en una estancia con ventanas que dejan ver un paisaje con características convencionales propias del estilo flamenco.Su autor ,anónimo, es conocido como Maestro de la Virgen de los Reyes Católicos. La obra es un ejemplo del goticismo imperante en la pintura de la época.
En su ubicación original se guardaba en el oratorio del cuarto real del monasterio de Santo Tomás de Ávila. La desamortización de 1836 produjo su traslado al Museo de la Trinidad y luego a lo que sería el Museo del Prado donde se encuentra actualmente.
En el cuadro se representan arrodillados los donantes. A la izquierda de la composición aparece el Príncipe don Juan, al lado del Rey don Fernando. Enfrente de ellos advertimos la presencia de la Reina Isabel I (con aspecto joven y resaltando en tamaño ligeramente por encima de sus acompañantes y marido, dejando claro que es la reina de Castilla) y de la Princesa Isabel.
El Príncipe, joven heredero sobre el que está puesto en este momento el destino de la unión dinástica, aparece de rodillas, en actitud orante, y con las manos juntas, algo infantilizado. Sus facciones son bastante distintas a las esculpidas por Domenico Fancelli en su sepulcro del Convento de Santo Tomás de Ávila.
En la parte superior aparece representada en un trono la Virgen con el Niño. En un plano inferior, de pie, observamos a dos santos. A la derecha del cuadro, con el hábito dominico, aparece Santo Domingo de Guzmán , fundador de la Orden Dominica (con un libro, por ser doctor de la Iglesia y un lirio, como símbolo iconográfico de la Virgen, dada su particular devoción mariana). A la izquierda aparece Santo Tomás de Aquino el titular de la advocación del monasterio (con un libro, por ser también doctor de la Iglesia, y con la maqueta del edificio). El suelo de baldosas, la tarima sobre la que se halla el trono de la Virgen, los reclinatorios de los Reyes y las ventanas, nos presentan una perspectiva algo forzada.
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VIDA Y VICISITUDES DE LOS HIJOS DE LOS REYES CATÓLICOS (II),por Alfredo Pastor Ugena
Doña Juana nació en tercer lugar, después delPríncipeJuan.Quedó inmersa en la locura de una pasión no correspondida. Conocida como Juana “la Loca”, nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479 y murió en Tordesillas el 12 de abril de 1555. Fue la tercera hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Ejerció como Reina de Castilla de 1504 a 1555 si bien desde 1506 no tuvo ningún poder efectivo y, a partir de 1509, vivió encerrada en la ciudad de Tordesillas, primero por orden de su padre Fernando el Católico, y después por mandato de su hijo el emperador Carlos V.
Fue primero infanta de Castilla y Aragón, luego archiduquesa de Austria, duquesa de Borgoña y Brabante y condesa de Flandes. Finalmente, reina propietaria de Castilla y de León, Galicia, Granada, Sevilla, Murcia, Jaén, Gibraltar, de las Islas Canarias y de las Indias Occidentales (1504-1555), Navarra (1515-1555) Aragón, Valencia, Mallorca, Nápoles y Sicilia (1516-1555). Asimismo poseyó otros títulos como condesa de Barcelona y señora de Vizcaya, heredados tras la muerte de sus padres.
El 25 de enero de 1516 se convirtió en la primera Reina de las coronas que conformaron la actual España, Castilla y Aragón, uniéndolas definitivamente.
Tenía gran parecido físico a su abuela paterna, doña Juana Enríquez, por lo que ,en broma, Isabel llamaba a su hija “mi suegra”. Sus padres le procuraron una esmerada educación, estando entre sus preceptores Beatriz Galindo, apodada “la Latina. Pronto se manifestó en Juana una vena mística que pretendió encauzar haciéndose monja; en cambio, los Reyes tenían distintos planes para la atractiva Juana.
En el estricto e itinerante ambiente de la Corte Castellana de su época, Juana fue alumna aventajada en comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras y manejo propios de la corte, sin desestimar artes como la danza y lamúsica, entrenamiento como amazona y el conocimiento de lenguas romances propias de la Península Ibérica además del francés y del latín.
Entre sus principales maestros se encontraban, también, además de la mencionada Beatriz Galindo, el sacerdote dominicoAndrés de Miranda, y, por supuesto, su madre. Aunque Isabel “la Católica” procuró vigilar la educación de sus hijos, sus deberes de gobierno no le dejaron mucho tiempo para ocuparse de una hija a la que, según Tarsicio de Azcona, “nunca llegó a entender y dirigir”.
En agosto de 1496, la futura archiduquesa partió desde la playa de Laredo(Santander) rumbo a Flandes, en una carraca genovesa al mando del capitánJuan Pérez, para contraer matrimonio. Pero la flota también incluía, para demostrar el esplendor de la Corona Castellana a las tierras del norte y su poderío al hostil rey francés, otros 19 buques, desde naos a carabelas, con una tripulación de 3.500 hombres. Juana fue despedida por su madre y hermanos, e inició su rumbo hacia la lejana y desconocida tierra flamenca, hogar de su futuro esposo. La travesía tuvo algunos contratiempos que, en primer lugar, la obligaron a tomar refugio en Portland, Inglaterra, el 31 de agosto.
Cuando finalmente la flota pudo acercarse a Middelburg, la carraca genovesa que transportaba a 700 hombres, las vestimentas de Juana y muchos de sus efectos personales, chocó contra un banco de piedras y arena, y se hundió.Juana, por fin en Flandes, no fue recibida por su prometido. El ambiente de la Corte con el que se encontró era radicalmente opuesto al que ella vivió en su Castilla natal. Por un lado, la sobria, religiosa y familiar Corte castellana contrastaba con la desinhibida y muy individualista Corte borgoñona-flamenca muy festiva y opulenta gracias al comercio de tejidos que sus mercados dominaban desde hacia un siglo y medio.
Escudo de Doña Juana
Juana se casa en Lille, el 21 de agosto de 1496, con Felipe“el Hermoso”(a quiensu cuna le confirió la herencia de innumerables títulos nobiliarios: duque de Borgoña, de Luxemburgo, de Brabante, de Güeldres y conde de Tirol, Artois y Flandes), hijo menor del emperador Maximiliano I de Austria y de María de Borgoña. Las crónicas relatan que las relaciones entre ellos no pudieron comenzar con mejores auspicios: la atracción física entre los novios fue muy intensa desde el momento de conocerse, obligando a precipitar el casamiento para permitir a los fogosos cónyuges consumarlo de manera inmediata.
Aunque los futuros esposos no se conocían, se enamoraron locamente al verse. No obstante, Felipe pronto perdió el interés en la relación, lo cual hizo nacer en Juana unos “celos patológicos”. Al poco tiempo llegaron los hijos, que agudizaron aún más esos problemas.Tuvieron seis hijos: Leonor, Carlos, Isabel, Fernando, María y Catalina, Entre ellos destacaan:
-Carlos fue su segundo hijo(1500-1558), rey de España, con el nombre de Carlos I, y emperador del Sacro Imperio Romano con el nombre de Carlos V. Se casó con su prima hermana Isabel, hija de Manuel de Portugal y de María de Aragón y Castlla.
-Fernando (1503-1564), fue también Emperador del Sacro Imperio, con el nombre de Fernando I, al suceder a su hermano Carlos en el puesto, juntos crearon la línea austriaca y española de los Habsburgo.
El testamento de la Reina Isabel I “la Católica” le convierte en heredera de la Corona de Castilla con una cláusula donde se indica que, en caso de desequilibrio mental, la regencia sería encomendada a D Fernando de Aragón. Esta disposición sería la semilla de graves enfrentamientos políticos que, con toda seguridad, agravaron el estado de Juana.
La nueva Reina carece de inclinación hacia el poder. Estaba muy enamorada y, para ser feliz, sólo necesita la fidelidad de su esposo. Diferente es la actitud de Felipe, que ansía convertirse en rey, o de su padre D. Fernando, políticamente bastante más ambicioso. Ambos se enzarzan en una agria disputa con una referencia común: sus presuntos derechos a ejercer la regencia emanaban de la pretendida incapacidad de Juana.
Cuenta el místico español San Juan de la Cruz, en una carta conservada en el AGS que Juana decía cosas tales como que “un gato de algalia había comido a su madre e iba a comerla a ella”, extrañas fantasías de una mujer misteriosa.
María de Aragón
Tras los títulos heredados de sus padres, se convierte el 25 de enero de 1516 en la primera reina que unió las coronas que conformaron la actual España.
El embarazo del cuarto hijo anunció un cambio en la vida de la reina Isabel. Tuvo lugar en 1481 en el contexto de los continuos viajes y la preparación de la guerra contra los musulmanes. El 29 de junio, en Córdoba, la reina Isabel dio a luz de su cuarto hijo, también una niña, a la que bautizó con el nombre de María, de Aragón y Castilla (1482-1517) naciendo en plena efervescencia reconquistadora.
Se vería obligada con el tiempo a casarse con su cuñado Manuel “el Afortunado”, el 30 de octubre de 1500, con el que tuvo una larga descendencia: diez hijos. Entre ellos estaba la mencionada y bella reina Isabel de Portugal, la futura esposa de Carlos I y madre de Felipe II, a la que Tiziano dedicaría uno de los retratos de mujer más bellos del Renacimiento.
-El embarazo del quinto hijo tuvo lugar probablemente en Tarazona, en tierras de Aragón. El resultado fue Catalina. Nació en Alcalá de Henares el 15 de diciembre de 1485, en el palacio arzobispal (en el mismo lugar que los Reyes Católicos se entrevistaron por primera vez con Cristóbal Colón y Juana “la Loca” tuvo a su hijo Fernando). Fue la menor de los hijos de los Reyes Católicos y la madre de María Tudor, esposa luego de Felipe II, y la única hija que tuvo con Enrique VIII. Quince años separaban el nacimiento de la primera hija de esta última, quince años de tensiones por las continuas ausencias del rey y por sus repetidas infidelidades que de alguna manera palió con la oración como recurso y la confesión como consuelo.
Era la que más se parecía a su madre: decidida e inteligente, de mediana estatura, pelirroja, de ojos azules claros, piel blanca, como todos los Trastámaras descendientes de Catalina de Lancáster. Catalina tenía sin duda grandes capacidades intelectuales y morales. A los seis años contempló la emocionante y vistosa toma de Granada.
Catalina de Aragón
Catalina tuvo una exquisita educación principalmente a cargo de Juan Luis Vives. Su formación humanista general nos hace tildarla como una de las personas conocidas comodoctae puellae. Recibió una esmerada educación apegada al catolicismo digna de una futura reina, aprendiendo lenguas romances de la península ibérica, francés, flamenco, inglés y, por supuesto, latín, además de artes como la danza y la música. Siguiendo la política matrimonial de los Reyes Católicos, fue utilizada políticamente por sus padres para aislar a Francia, y prometida en matrimonio al príncipe Arturo de Gales, primogénito de Enrique VII, el 26 de marzo de 1489, en el llamado Tratado de Medina del Campo, cuando sólo contaba tres años.
A la edad de quince años, el 17 de agosto de 1501 el barco de la infanta elevó anclas desde La Coruña hacia Inglaterra. Tras un mes de navegación Catalina llegó al puerto de Plymouth, donde fue recibida por el obispo de Bath, en representación del príncipe. El 14 de noviembre fue desposada por el desconocido, joven y enfermizo príncipe de Gales en la catedral de San Pablo de Londres. Causó una gran impresión a su futuro suegro. Como príncipe de Gales, Arturo fue enviado al castillo de Ludlow ( (Shropshire) para presidir el Consejo y fue acompañado por la ahora princesa de Gales. Unos pocos meses después, el 2 de abril de 1502, el joven príncipe murió por una epidemia conocida como el sudor inglés, dejando a una princesa viuda y virgen.
Los intereses de ambas coronas, la pérdida de una cuantiosísima dote por parte de los españoles y la necesidad de un fiel y cada vez más poderoso aliado inglés, llevaron a negociar el matrimonio de la viuda con el siguiente en la línea de sucesión, el príncipe Enrique, hermano del difunto, que tan sólo tenía 11 años. Incluso se llegó a barajar la posibilidad de casarla con el propio Enrique VII, que había quedado viudo años antes.
En 1509 murió el rey Enrique VII de Inglaterra. Su hijo Enrique, tras el breve reinado de su hermano Eduardo VII, asumió el reinado como Enrique VIII de Inglaterra, de la reciente dinastía Tudor, mostrando su deseo de poseer cuanto antes a la princesa española.
Por esa razón, dos meses más tarde, el 11 de junio, en la capilla Grey Friars, Catalina fue nuevamente desposada tras una larga y solitaria espera de siete años, llena de incertidumbre. Fue coronada como reina el 24 de junio de 1509. Tenía veintitrés años, mientras el rey acababa de cumplir dieciocho. Tanto como princesa de Gales, como siendo reina, Catalina fue extremadamente popular entre sus súbditos. Llegó a gobernar la nación como regente, mientras Enrique invadía Francia en 1513. También ella en persona cabalgó al frente de las tropas de reserva que derrotaron y dieron muerte al rey de Escocia en 1513. Para entonces Catalina había dado a luz una niña muerta y había visto morir al heredero al trono. Acató la voluntad paterna y fue condenada a compartir lecho con un hombre autoritario que la aborrecía.Fue un matrimonio feliz para ambos durante dieciocho años, con continuas infelicidades por parte del rey, hasta que Enrique VIII comenzó a preocuparse seriamente por la necesidad de tener un heredero varón.Catalina tuvo un hijo en 1510 que murió tras el parto. Posteriormente nació Enrique , el 1 de enero de 1511, que muere tras 52 días de vida. Luego tuvo un aborto y luego otro varón, también llamado Enrique, en 1514, que moría al mes de nacer. Le seguiría María (1516-1558) que fue reina de Inglaterra desde 1553 a 1558.
Fue repudiada por Enrique VIII tras veinticuatro años de matrimonio, poniendo como excusa la incapacidad de la reina para tener un hijo varón. El divorcio de Enrique VIII sería uno de los problemas políticos más graves del siglo XVI. El arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio entre Catalina y Enrique el 23 de mayo de 1533). Ella terminó sus días recluida en varios castillos, sin renunciar jamás a sus derechos de reina: moriría recluida de forma permanente en el Castillo de Kimbolton(Inglaterra) el 7 de enero de 1536.
Shakespeare definió a Catalina como reina de todas las reinas y modelo de majestad femenina. Fue muy querida por el pueblo inglés, que no dudó en ponerse a su lado cuando se negó a concederle el divorcio a su esposo Enrique VIII. Según las crónicas inglesas de la época, Catalina “poseía unas cualidades intelectuales con las que pocas reinas podrían rivalizar”.
Antes de morir en su destierro del castillo de Kimbolton, Catalina de Aragón escribió una última carta dirigida a su esposo. Después de perdonarle y rogarle que cuidara de María, la hija de ambos, terminaba con unas palabras conmovedoras: ¡Finalmente, hago este juramento: que mis ojos os desean por encima de todas las cosas. Adiós!.
Catalina descansa en la hermosa catedral normanda de Peterborough, la que inspiró a Ken Follet para escribir Los pilares de la tierra. En la losa de su tumba aparecen sus emblemas: granadas (por la fruta, símbolo de fertilidad, y por la ciudad española del mismo nombre, a cuya rendición asistió Catalina junto a sus padres, los Reyes Católicos) y las banderas que la acreditaban como Infanta de Castilla y Aragón.
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jueves, 24 de abril de 2014
LAS
REVUELTAS ANTIJUDÍAS DE LOS SIGLOS XIV Y XV , LA INQUISICIÓN Y LA EXPULSIÓN
(1492).
Alfredo
Pastor Ugena
Desde comienzos de la Edad Media la
población, que era mayoritariamente cristiana, tenía una imagen peyorativa de
los judíos, cargada de una profunda antipatía que flotaba en la conciencia colectiva cristianomedieval.
Junto al musulmán, el judío es el Otro religioso por excelencia del
cristiano en la España medieval.[1]
Pero quizá la característica más
señalada del antijudaísmo sea su universalidad y su permanencia en el tiempo,
de forma que es una realidad probablemente presente en los más diversos ámbitos
geohistóricos y en todas las épocas.
Aunque son varias las causas que pudieron contribuir al
rechazo generalizado hacia la población hebrea en la época medieval,
probablemente la que más peso tuvo fue, además de su diferenciación en materia
religiosa, su decidida voluntad de conservar una identidad propia en el seno de
la sociedad mayoritaria en la que se insertaba, con el fin de evitar su
disolución como grupo social propio y diferenciado. En España, el problema
judío se plantea cuando aún no está definitivamente conformada la sociedad
hispano-visigoda[2]
Julio Caro Baroja señala que a fines de la Edad Media
existían cuatro grandes tipos de argumentos por los que los judíos eran odiados,
y que, en conjunto, conformaban la imagen que de ellos tenían sus
contemporáneos cristianos:
1. Argumentos de carácter religioso, entre
los que sobresale la acusación de deicidio.
2. Argumentos de carácter económico, como
el afán desmedido de riquezas y la práctica de ciertas actividades profesionales,
principalmente el préstamo con interés.
3. Argumentos de carácter psicológico, como
la soberbia y la posesión de una inteligencia particular.
4. Argumentos de carácter físico, de forma
que los judíos presentarían unos rasgos externos propios y diferenciadores que,
en conjunto, le conferían un aspecto ingrato. [3]
Para los judíos la invasión
musulmana de la península ibérica del 711 significó el fin de la persecución a
que habían sido sometidos por los monarcas visigodos y por la Iglesia católica.
Los judíos que vivían en comunidades propias, en juderías,
denominación tradicional del barrio judío o de la parte de una ciudad en la que
se concentraban las viviendas de los judíos. Las juderías surgieron en la Edad
Media como resultado de una concepción de la sociedad segregada en entidades
étnico-religiosas, y de las sucesivas coyunturas históricas de mayor o menor
tolerancia religiosa o de persecución (pogromos).
Cuando conseguían alcanzar un número determinado de
miembros o un cierto nivel riqueza, las juderías se convertían en aljama o
comunidad que tenía como fin primordial adecuar su funcionamiento interno a la
ley mosaica, tanto en lo relativo a la religión, como al derecho privando, al
reparto de impuestos y, a veces, a la administración en común de ciertos
negocios. Socialmente las juderías hispanas constituían aljamas, la célula
social base y que podríamos considerar el equivalente al municipio cristiano.
Es decir, la aljama era la organización institucional(religiosa, jurídica y
social) por la que se regía una comunidad judía, en la que debían incluirse
elementos básicos como la sinagoga, el cementerio, etc.
Las aljamas más
importantes contaban con sus propias instituciones, encabezadas por sus
alcaldes (dayanim),que eran elegidos por los demás vecinos y que actuaban como
jueces en procesos internos, mientras que en los demás pleitos, judíos y moros,
como es sabido, debían someterse a la justicia ordinaria . Había, como es
lógico, rabinos, maestros de la torah o ley, así como otros oficiales
encargados de los repartimientos fiscales.
La estructura de la aljama, aún dentro de caracteres
generales invariables, adoptaba modalidades propias según las distintas
comarcas. Pero en todas ellas, en cuanto comunidad local, la autoridad correspondía
a un rabbí y al judío mayor. Como
entidad con personalidad propia, la aljama entendía en los asuntos de su
régimen interno, en la repartición y cobranza de los tributos y en la
designación de sus representantes. La máxima autoridad sobre las aljamas de una
región era ejercida por un rabbí mayor
designado directamente por el rey.
La segregación espacial respondía tanto a la
discriminación practicada por las comunidades mayoritarias, como al deseo por
parte de la comunidades judías de mantener su identidad.Los
núcleos de población judía y musulmana, que residían en las ciudades y villas
de la España cristiana, constituyeron comunidades hebreas y moras (aljamas y
morerías) que dentro del municipio tenían sus propias autoridades: jueces,
síndicos, etc.
La aljama en la Corona de Castilla también tenía un valor
económico y fiscal considerable. Era la comunidad judía que autogestionaba la
recaudación de los diversos impuestos que la monarquía imponía sobre ellos. Los
hebreos estaban inmersos en puestos importantes en el desarrollo de roles
sociales, culturales y económicos especialmente.
En las aljamas existían, sin duda problemas y tensiones ,
con enfrentamientos entre las distintas clases sociales, especialmente entre
los ricos y la mayoría de la población, compuesta de artesanos, comerciantes y
algunos pequeños agricultores. La situación no era muy diferente con la que
aparece en el mundo cristiano.
Las principales aljamas en la Corona de Castilla fueron
las de Toledo, Burgos, Sevilla y Murcia. En Aragón destacaron las aljamas de
Zaragoza, Calatayud, Huesca, Daroca, Barbastro, Egea y Teruel.
En el plano cultural, uno de los roles importantes que
tenían los judíos dentro de las cortes castellanas fue el de transmisor de los
conocimientos árabes. Gracias a él, en cortes como la de Alfonso X, junto con
colaboradores árabes, se pudo llevar a cabo la enorme obra de recopilación,
traducción y divulgación de todo el saber humano de la época, en la famosa Escuela
de traductores de Toledo, cuyos orígenes hay que buscarlos a partir de
1085, año en que Alfonso VI conquistó Toledo y la ciudad se constituyó en un
importante centro de intercambio cultural, cuyo desarrollo más relevante tiene
lugar entre los
siglos XII y XIII.
Otro
de los campos en el que la presencia judía fue indispensable fue el de la medicina.
En efecto, sería inusitado encontrar la mención de un médico de la casa real
que no fuera judío. Esto no impidió, sin embargo, que se redactaran decretos
prohibiendo a los cristianos valerse de médicos judíos, cuyo incumplimiendo,
empezando por la propia realeza.
El judío era además el encargado de recaudar tributos y
gestionar muchas veces el tesoro estatal. Su posición cerca del rey y de los
nobles, así como de los prelados. Esta posición fue la más delicada y difícil
de mantener, pues si bien el judío era indispensable para la clase alta, era
visto, en cambio, como explotador por la clase baja y se atraía su odio, lo
cual podía ser aprovechado fácilmente por el clero para desatar persecuciones
antisemitas. Los reyes defendieron la importancia del judío dentro de la
economía estatal.
En suma, las actividades a que con preferencia se
dedicaron los componentes de la comunidad judía en la Edad Media, fueron
aquellas relacionadas con el comercio, el crédito, la recaudación de impuestos,
la agricultura especializada y otras de carácter liberal —medicina, astronomía,
matemáticas, etc. Su aptitud en materia financiera les va a permitir escalar,
bajo la protección de reyes y magnates, los más altos cargos dentro del marco
fiscal del Estado. De otra parte, la imposibilidad de invertir sus fortunas en
bienes raíces les hace atesorar las ganancias obtenidas en sus actividades,
convirtiéndoles en los más importantes prestamistas a los que deben acudir en
época de penuria tanto los monarcas como individuos de todos los grupos
sociales.[4]
Existía una
aristocracia y oligarquía enriquecida con el comercio y las finanzas que
equivaldría al patriciado cristiano. Estos ricos monopolizan los cargos de
gobierno de las aljamas y participan en el arrendamiento de los impuestos
municipales o del reino, relacionándose con la Corte donde actuaban como
consejeros y financieros. Se forma así una aristocracia despreciada por sus
propios correligionarios judíos, siendo a la vez garantía de apoyo y protección
para la comunidad, dada su proximidad al monarca. Los judíos pecheros formarán
el grueso de la población de la aljama(“cahal”en hebreo), en el seno de una
organización patriarcal en la que el varón tiene la autoridad suprema.
Así pues, en la llamada Sefarad, los judíos españoles
tuvieron su espacio propio en las ciudades, donde vivían mayoritariamente (o en
localidades importantes) y realizaban sus actividades productivas y culturales
indicadas: eran artesanos, comerciantes, financieros o consejeros de cristianos
y musulmanes; desarrollaron su ciencia, literatura, sus estudios de religión y
de cultura, basada ésta en sus viejas tradiciones.[5]
No formaban parte de la categoría de vecinos lo que no
quiere decir que estén excluidos de la sociedad urbana; formaban parte del
sistema urbano, igual que los cristianos siendo sus intereses muchas veces coincidentes .Los
judíos estaban inmersos en el sistema de clases y relaciones de producción
propias del feudalismo, también igual que los cristianos y del que formaría
parte el componente étnico-religioso.[6]
En el siglo XIV se termina el periodo de
"tolerancia" hacia los judíos pasándose a una fase de conflictos
crecientes. Según Joseph Pérez, "lo que cambia no son las mentalidades,
son las circunstancias. Los buenos tiempos de la España de las tres religiones
había coincidido con una fase de expansión territorial, demográfica y económica;
judíos y cristianos no competían en el mercado de trabajo: tanto unos como
otros contribuían a la prosperidad general y compartían sus beneficios. El
antijudaísmo militante de la Iglesia y de los frailes apenas hallaba eco. Los
cambios sociales, económicos y políticos del siglo XIV, las guerras y las
catástrofes naturales que preceden y siguen a la Peste Negra crean una
situación nueva. La gente]se cree
víctima de una maldición, castigada por pecados que habría cometido. El clero
invita a los fieles a arrepentirse, a cambiar de conducta y regresar a Dios. Es
entonces cuando la presencia del pueblo deicida entre los cristianos se
considera escandalosa.
Un momento clave de las persecuciones contra los judíos
en Castilla fue durante
la infancia del rey Enrique III (1390-1406),
desatándose una ola de pogromos que cundió como un reguero de pólvora
por Castilla y Aragón. Fueron años de
incitación antijudía, que dieron un
amargo fruto en 1391[7],
que marcan un hito decisivo en la historia de las relaciones entre judíos y
cristianos por las consecuencias que trae consigo: víctimas; consecuencias
demográficas, dispersión, consecuencias económicas , destrucción de gran parte
de la artesanía y comercio hebreos y reducción de una de las fuentes de
ingresos desde el punto de vistahacendístico,
al disminuir el número de judíos en las aljamas y desparecer éstas en algunos
casos; y consecuencias, finalmente de orden socioespiritual: la conversión. [8]El
estallido de la violencia contra los judíos supuso un cambio de actitud; se
ponía fin con estos sucesos a un largo periodo de tolerancia y convivencia
entre judíos y cristianos, acompañado por un fenómeno agudo de dispersión y/o
disolución de diversas comunidades judías.
La animadversión y el antisemitismo florecientes en Castilla
durante toda la segunda mitad del siglo XIV, estallaron violentamente en forma
de asesinatos y destrozos en aljamas y juderías, provocando la huida y abandono
de muchas de ellas, y/o la conversión, evidentemente impuesta y forzada, de
numerosos judíos. Sin ánimo de exhaustividad, si se relee cualquier obra sobre el
judaísmo en Castilla y Aragón que abarque el siglo XIV, en todas ellas estarán
presentes con un destacado papel protagonista las violencias de 1391. De una época de bonanza y prosperidad, de
una situación armónica de serena convivencia, a través de un conjunto de
acontecimientos en cierto modo inesperados se pasa hacia una nueva realidad que
acabará irremisiblemente con la expulsión de los judíos en1492.
La primera
ola de violencia contra los judíos en la península ibérica se produjo en
el reino de Navarra como consecuencia de la llegada en 1321 de la cruzada de los pastorcillos desde
el otro lado de los Pirineos. Las juderías de Pamplona y
de Estella son
masacradas. Dos décadas más tarde el impacto de la Peste Negra de
1348 provoca asaltos a las juderías de varios lugares, especialmente las de
Barcelona y de otras localidades del Principado de Cataluña.
En
la Corona de Castilla la violencia antijudía se relaciona estrechamente con
la guerra civil del reinado de Pedro I en la que el bando que apoya a Enrique de Trastámara utiliza como arma de propaganda el antijudaísmo
y el pretendiente acusa a su hermanastro, el rey Pedro, de favorecer a los
judíos. Así la primera matanza de judíos, que tuvo lugar en Toledo en 1355, fue
ejecutada por los partidarios de Enrique de Trastámara cuando entran en la
ciudad. Lo mismo sucede once años más tarde cuando ocupan Briviesca.
En Burgos, los judíos que no pueden pagar el cuantioso tributo que se les
impone en 1366 son reducidos a esclavitud y vendidos. En Valladolid la judería
es asaltada en 1367 al grito de "¡Viva el rey Enrique!". Aunque no
hay víctimas, las sinagogas son incendiadas[9]
El sustrato de la conciencia colectiva antisemita del
populacho y parte de la burguesía castellana se reveló con motivo de los
históricamente trascendentales sucesos de Toledo en el verano de 1449, que no hay
ni siquiera que resumir, por ser bien conocidos. Como ha escrito el Prof.
Edward Peters: “A partir de mediados del
siglo XV el antisemitismo religioso se volvió antisemitismo étnico, con poca
diferencia entre judíos y conversos, excepto el hecho de que los conversos eran
tenidos por peores que los judíos porque, en cuanto manifiestamente cristianos,
habían adquirido privilegios y posiciones que a los judíos se les negaban”.[10]
Los judíos eran denominados servi
regis, lo que suponía que los monarcas podían utilizarlos pero a la vez se
veían obligados a protegerlos.
“Todos
los judíos de mis reinos son míos y están so mi protección y amparo y a mí
pertenece de los defender y amparar y mantener en justicia”,
decía la reina Isabel.
Así pues, los judíos "formaban,
no un Estado en el Estado, sino más bien una microsociedad al lado de la
sociedad cristiana mayoritaria. Las aljamas se organizaban internamente con un
amplio margen de autonomía. Designaban por sorteo al consejo de ancianos que
regía la vida de la comunidad; recaudaban sus propios impuestos para el
mantenimiento del culto, de las sinagogas y de la enseñanza rabínica; vivían
bajo las normas del derecho judaico, y tenían sus propios tribunales que
entendían de todos los casos en materia civil –desde las Cortes de Madrigal de
1476 las causas penales habían pasado a los tribunales reales-. Pero los judíos
no gozaban de la plenitud de los derechos civiles: tenían un régimen fiscal
específico mucho más oneroso que el de los cristianos y estaban excluidos de
los cargos que les pudieran conferir autoridad sobre los cristianos.
En
la corte regia encontramos a hebreos en puestos destacados, del mundo de las
finanzas, desde finales del siglo XI, cuando era rey de Castilla y León Alfonso
VI. A partir de entonces se fue creando un clima hostil contra la minoría judía
a nivel popular. No obstante, fue en el siglo XIV cuando ese clima se expandió
por los territorios de la corona de Castilla. La ya citada difusión de la peste
negra, de la que se acusaba a los judíos, la guerra fratricida entre Pedro I y
su hermanastro Enrique de Trastámara, en la que éste, finalmente vencedor,
acusaba al rey de Castilla de projudío y, como remate, los dramáticos sucesos
del año 1391, derivados de las terribles prédicas del clérigo Ferrán Martínez, contribuyeron a
acrecentarla hostilidad contra los hebreos. [11]
En verdad, a raíz de estos indicados,
muchos judíos aceptaron el bautismo cristiano. También contribuyeron al paso
del judaismo al cristianismo las predicaciones del dominico valenciano Vicente
Ferrer.[12]
Tras la revuelta de 1391 se
recrudecen las medidas antijudías: en Castilla se ordena en 1412 que los judíos
se dejen barba y lleven un distintivo rojo cosido a la ropa para poder ser
reconocidos; en la Corona de Aragón se declara ilícita la posesión del Talmud y
se limita a una el número de sinagogas por aljama. Además las órdenes
mendicantes intensifican su campaña de proselitismo -en la que destaca el
dominico valenciano Vicente Ferrer- para que los judíos se conviertan y que
recibe el apoyo de los monarcas –en la Corona de Aragón se decreta que los
judíos asistan obligatoriamente a tres sermones al año-. Como consecuencia de
las masacres de 1391 y las medidas que le siguieron, hacia 1415 más de la mitad
de los judíos de Castilla y de Aragón habían renunciado a la Ley Mosaica y se
habían bautizado, entre ellos muchos rabinos y personajes importantes.[13]
A lo largo del siglo XV, la
disminuida comunidad judía de Toledo se enfrentó con nuevas persecuciones, que
también afectaron a las que se habían convertido por fuerza al cristianismo
pero seguían teniendo costumbres judías. Tras la predicación en Toledo del citado San Vicente Ferrer, miles de
personas se dirigieron contra la judería, tomando por la fuerza la sinagoga de
Santa María la Blanca, que fue inmediatamente convertida en iglesia.[14]
Uno de los casos más llamativos-sin consistencia histórica- en
la difusión de la propaganda antijudía fue el denominado Santo Niño de la Guardia, localidad situada en tierras toledanas. Algunos
judíos fueron acusados, en torno al año 1490, de haber crucificado a un niño
cristiano en la villa citada, así como de haber robado hostias con las que
pretendían preparar un brebaje para envenenar a los cristianos. Hoy todavía
este “Santo Niño” es muy venerado in situ. Este caso-que al parecer nunca
existió- no tiene ninguna justificación histórica y parece más una calumnia de
los perseguidores de los judíos, que se veían favorecidos por la codicia de las
masas populares y que veían un buen botín en el asalto de las aljamas hebreas.
Según L. Suárez, el odio a los judíos nació en las bases mismas de la población,
ante cuya violencia desatada los reyes se consideraron impotentes.
Existe un notable consenso a la
hora de afirmar que en la génesis de estos movimientos está latente la difícil
circunstancia de la profunda crisis que desde mediados de siglo venía azotando
a Castilla. Se generalizaron situaciones de carestía, hambre y necesidad, que
aferran más vitalmente a la población a sus escasos bienes. No es de extrañar
que prenda entre la gran masa de población cristiana un sentimiento de clara
desconfianza, incluso de odio, hacia aquellos que para la mentalidad popular
son los únicos beneficiados, los que se enriquecen gracias al cobro de impuestos
o a la usura de los préstamos: los
judíos.
Si las malas cosechas o las
epidemias no eran suficiente motivo para explicar y justificar de alguna manera
la hostilidad contra los judíos, Castilla se embarcó durante casi una década en
un conflicto civil de lucha intestina entre facciones rivales. Se puso en duda
la legitimidad del poder político, y salieron a la luz las oscuras ambiciones
de una rancia nobleza en retroceso.[15]
La crisis económica del siglo XIV
hizo que se desarrollara la práctica del préstamo
usurario, lo que produciría una clara animadversión de las masas cristianas
hacia los hebreos que lo practicaban en abundancia.
Además, se hizo de este
enfrentamiento un episodio más de la europea Guerra de los Cien Años. Los
mercenarios extranjeros que acudan a Castilla no tendrán ningún miramiento ni
respeto para con una minoría que había sido expulsada de sus países hacía ya
bastante tiempo.
¿Qué ocurre cuando esos grupos de
salteadores alcanzan el espacio ocupado por la diócesis de Toledo? Las aljamas
y juderías de este arzobispado no iban a quedar exentas de esta situación de
violencia antisemita señalada que azotó a Castilla el verano de 1391. Ciudad
Real perdió para siempre a sus convecinos hebreos, pues el impacto fue durísimo
sobre esta conocida aljama judía de ( “Villa
Real”) que prácticamente
desapareció.
Los barrios judíos de Toledo fueron
gravemente saqueados, muriendo muchos de sus pobladores, destruyéndose muchos
restos materiales únicos, rebautizando sinagogas en iglesias católicas, etc. Y
algunas otras aljamas sufrieron cierta violencia de mayor o menor intensidad: se destruyeron sinagogas y se
asesinaron muchos judíos. Poblaciones toledanas como Illescas, Ocaña(en 1439,
la aljama de Ocaña era la más poderosa de todo el arzobispado de Toledo) o
Torrijos, aunque sufrieron un impacto menor, sin embargo sintieron tambalearse
los cimientos de sus comunidades judías.[16]
La primera de las persecuciones
contra los judíos de Toledo tuvo lugar después de la importante derrota
castellana de Uclés, acaecida en 1108 a nos de las tropas almorávides. El
pueblo cristiano, bien porque responsabilizó a los judíos de la derrota en la
batalla o por la intervención de estos últimos en la compra de prisioneros para
venderlos como esclavos, atacó encolerizado la judería toledana, masacrando a su
pobladores. Posteriormente, durante los preparativos de la batalla de las Navas
de Tolosa (1212), los cruzados extranjeros que habían venido a combatir contra
los musulmanes atacaron también la judería toledana que hubo de ser defendida
por caballeros de Toledo.
Toledo era considerada como la gran
judería de Occidente y fue durante siglos la referencia de los judíos de
Europa. Los judíos vivían, en la denominada
medinat alyahud ,la zona suroeste de la ciudad, bajando a beber hasta el
mismo Tajo, y constituyendo un complejo entramado de muros, callejones y
pasadizos, que contó con su propia muralla y con numerosas puertas que la comunicaban
con otros barrios de Toledo. La puerta
del Cambrón fue el acceso principal de la judería que se extendía hasta la
misma catedral y que llegó a contar con más de diez sinagogas y con una
población entre tres y cuatro mil personas.[17]
Reiteramos que , la crisis económica
de mediados del siglo XIV, agudizada por la epidemia de peste negra, ha sido
acusada no sólo de influir sino de determinar el odio antijudío. Los judíos se enriquecen
a través de la usura en los préstamos y la cercanía al rey que les protege y
les permite consolidar su riqueza. Sin embargo, en los últimos años se han
matizado o reanalizado algunos postulados sostenidos como inquebrantables en
relación con las características, desarrollo y consecuencias de la crisis
bajomedieval. En este sentido parece más razonable que sea el contexto de la
guerra civil en Castilla el momento de mayor
conexión entre la presión antijudía y sus enlaces con las causas de los
males, enfermedades y crisis económica.[18]
Respecto a la guerra civil en Castilla entre
Pedro I y Enrique II, se ha planteado que en el argumentario de los
contendientes hubo una clara presencia del tema judío en sus postulados para
ganar adeptos y hacer su causa más legítima y atractiva. Pero, la nueva
realidad socio-política tras la victoria Trastámara enfocaría el problema judío
por otros caminos, reorientando las políticas del monarca y retomando las vías
de colaboración y entendimiento con la minoría judía. Ese acercamiento
posterior de Enrique II hacia los judíos no tendría por qué hacer olvidar el
papel pérfido que habían desempeñado una o dos décadas antes.
Según Valdeón, se produjo una situación de “chivo
expiatorio”, como la actitud adoptada en
la Castilla del siglo XIV hacia los judíos, considerados los culpables de todos
los males que se abatieron sobre aquella sociedad. El antijudaísmo de que dio
muestras Enrique de Trastámara en la guerra que sostuvo con su hermanastro
Pedro I tuvo mucho que ver en la ruptura de la convivencia entre los cristianos
y los hebreos, cuyo punto culminante fueron los sucesos del año 1391. Un siglo
más tarde los judíos eran expulsados de los reinos hispánicos.[19]
Avanzado el siglo XV, la persecución contra los judíos
empezó a adquirir rasgos de ferocidad, y los reyes se encontraban impotentes
para detenerla, pues se jugaban su popularidad. Además, la nobleza había
emparentado, por motivos económicos principalmente, con los judíos y su posición
se había debilitado.
Tan pronto como subieron al trono, los Reyes Católicos,
en consonancia con sus principios de gobierno, decidieron aplicar las leyes
discriminatorias y segregacionistas, relativas a judíos y mudéjares,
promulgadas en el Ordenamiento de Valladolid
de 1412 y confirmadas en la Sentencia Arbitral de Medina del Campo de 1465,
pero que no tenían efectos prácticos en la Corona de Castilla. Entre otros
documentos no podemos olvidar la Pragmática que Juan II de Castilla, con la
intervención del condestable Álvaro de Luna, decreta en Arévalo (Ávila) el 6 de
abril de 1443 para protección de los judíos y mudéjares y conocida como la Pragmática de Arévalo[20],
a lo que hay que añadir la Carta Real de confirmación y seguro que Juan II
otorga el 28 de agosto de 1450 en esta ciudad abulense a las comunidades judías, mostrando la Corona
una actitud similar a la que había originado la citada Pragmática de 1443.[21] La
Carta Real de 1450 permite ver cómo en vísperas de la revuelta toledana de 1449
contra Álvaro de Luna, y después de ella, hay una atención detenida y
protección por parte de la Corona y del pontífice hacia los judíos castellanos.
Durante el reinado de los Reyes Católicos, en el último
cuarto del siglo XV, muchos judíos vivían en núcleos rurales y se dedicaban a
actividades relacionadas con la agricultura. En cuanto a la artesanía y al
comercio no monopolizaban ninguno de estos dos sectores –el comercio
internacional había pasado a manos de los conversos-. Siguió habiendo judíos
dedicados al préstamo, pero había crecido mucho el número de prestamistas
cristianos. También siguió habiendo judíos que arrendaban rentas reales,
eclesiásticas o señoriales, pero su importancia también había disminuido –en
Castilla sólo tenían a su cargo la cuarta parte de las recaudaciones-. Sin
embargo, en la corte de Castilla –no así en la de Aragón- los judíos ocupaban
puestos administrativos y financieros importantes.
El problema judío se inserta fundamentalmente en el marco
más amplio de las luchas políticas castellanas entre partidarios de un poder
real sólido, frente a intentos nobiliarios de mediatizar la capacidad decisoria
y la autoridad soberana de la monarquía.De manera más frecuente
que en épocas anteriores se observa la intervención activa de representantes permanentes
de las aljamas (procuradores) en los centros del poder político castellano con
el fin de conseguir la ratificación y guarda de privilegios de las comunidades
judías y de forma paralela, las continuas negociaciones de estos representantes
comunitarios ante la Corte pontificia para conseguir mantener la tradicional protección
papal a los judíos.[22]
Fue así como las Cortes de Madrigal de 1476 y las Cortes
de Toledo de 1480 ordenaron la aplicación de las leyes que establecían la
reclusión de judíos y mudéjares en barrios apartados, la prohibición de
practicar ciertos oficios y la obligación de llevar señales, al tiempo que les
estaba vedado el uso de vestidos ricos, reservados al estamento nobiliario, se
les prohibía tener criados cristianos, comprar propiedades territoriales por un
precio mayor a los 30.000 maravedíes (80 ducados), así como ejercer todo cargo
público que conllevase cualquier tipo de jurisdicción sobre los cristianos, a
lo que se unió la limitación de los intereses en los préstamos.
Como venía siendo tradicional, los monarcas castellanos
vieron refrendada su política por las máximas jerarquías religiosas. Así, el 31
de mayo de 1484, en Roma, Sixto IV publicó la bula Ad perpetuam reí memoríam, en la que confirmaba dichas leyes
discriminatorias, a la vez que declaraba nulo cualquier privilegio que se
opusiera a todas estas disposiciones
En las citadas Cortes de Madrigal de 1476 los Reyes
Católico recordaron que tenía que cumplirse lo dispuesto en el Ordenamiento de
1412 sobre los judíos –prohibición de llevar vestidos de lujo; obligación de
llevar una rodela bermeja en el hombro derecho; prohibición de ejercer cargos
con autoridad sobre cristianos, de tener criados cristianos, de prestar dinero
a interés usurario, etc. Cuatro años después, en las Cortes de Toledo de 1480
decidieron ir mucho más lejos para que se cumplieran estas normas: obligar a
los judíos a vivir en barrios separados, de donde no podrían salir salvo de día
para realizar sus ocupaciones profesionales, cuyo aislamiento urbano pretendía favorecer
a corto y medio plazo una menor interconexión de los judíos con los cristianos
en general y más en particular con los nuevos conversos.
Así se estableció el establecimiento general de juderías separadas:”Ordenamos e mandamos que todos los
judíos e moros de todas e cualesquier cibdades e villas e lugares de nuestros
reinos tengan sus morerías e juderías destintas e apartadas sobre sí e no moren
a vueltas con los christianos, ni ayan barrios con ellos, lo cual mandamos que
se faga e cumpla dentro de los dos annos primeros siguientes.Se preveía inclusoque puedan vender o derrocar las
synagogas que dexaren... e edificar otras de nuevo”[23].
A partir de esa fecha las juderías quedaron convertidas en guetos
cercados por muros y los judíos fueron recluidos en ellos para evitar
"confusión y daño de nuestra santa fe".
En
el siglo XV el antijudaísmo se dirige especialmente hacia losjudeoconversos,
llamados "cristianos nuevos",
por los "cristianos viejos" que se consideran a sí
mismos como los verdaderos cristianos.Cuando
en Castilla entre 1449 y 1474 se vivió un período de dificultades económicas y
de crisis política (especialmente durante laguerra civildel reinado deEnrique IV) estallaron revueltas populares
contra los conversos, de las que la primera y más importante fue la que tuvo
lugar en 1449 en Toledo, durante la cual se aprobó unaSentencia-Estatutoque prohibía el acceso a los cargos
municipales denigún confesso
del linaje de los judíos:un
antecedente de losestatutos de limpieza de sangredel siglo siguiente.[24]
Julio Valdeón, al intentar explicar
los tumultos acaecidos en Toledo contra los conversos en 1449, ha escrito lo
siguiente:”…más que un enfrentamiento entre
el pueblo y los dirigentes parece que lo que había en el fondo
era la pugna de intereses entre la oligarquía en el poder y el grupo de
conversos que amenazaban su monopolio…La ‘gente menuda’, cuya participación en
los sucesos de Toledo de 1449, no podemos negarlo, tuvo una importancia decisiva, fue, en última
instancia, instrumentalizada por los sectores oligárquicos de los cristianos
viejos”[25]
La
aludida Carta Real de 1450 permite ver cómo en vísperas de la revuelta toledana
de 1449 contra Álvaro de Luna, y después de ella, hay una atención detenida y
protección por parte de la Corona y del pontífice hacia los judíos castellanos.
Las relaciones entre Álvaro de Luna y
las comunidades judías se rigen
por una mutua conveniencia de intereses.
El nombramiento de Pedro de Luján como juez mayor y repartidor fiscal de las
aljamas refleja en parte una pretensión de la Corona de sujetar a un mayor
control directo las diversas esferas institucionales de las aljamas; este
nombramiento es causante de una tensión momentánea en las relaciones, por el
rechazo originado en las comunidades.[26]
Para justificar los ataques a los
conversos se afirma que éstos son falsos cristianos y que en realidad siguen
practicando a escondidas la religión judía.Sin
embargo, los conversos quejudaizaban,
según Joseph Pérez[27]
eran una minoría aunque relativamente importante.Lo mismo afirmaHenry Kamen
que además señala que cuando se acusaba a un converso de judaizar, en muchas
ocasiones las "pruebas" que se aportaban eran en realidad elementos
culturales propios de su ascendencia judía –como considerar el sábado, no el
domingo, como el día de descanso-, o la falta de conocimiento de la nueva fe
–como no saber el credo o comer carne en Cuaresma.[28]
Cuando en 1474 accede al tronoIsabel I de Castilla, elcriptojudaísmono se castigaba, "no, por cierto, por tolerancia o indiferencia, sino porque se
carecía de instrumentos jurídicos apropiados para caracterizar este tipo de
delito".Por eso cuando
deciden afrontar el "problema converso" se dirigen al papaSixto IVpara que les autorice a nombrar
inquisidores en sus reinos, lo que el pontífice les concede por la bulaExigit
sincerae devotionisdel
1 de noviembre de 1478"Con la creación del tribunal de la Inquisición
dispondrán las autoridades del instrumento y de los medios de investigación
adecuados".[29]Según Joseph Pérez, Fernando e
Isabel "estaban convencidos de que la Inquisición obligaría a los
conversos a integrarse definitivamente: el día en que todos los nuevos
cristianos renunciaran al judaísmo nada les distinguiría ya de los otros
miembros del cuerpo social"[30]
La génesis de la denominada
Inquisición española tiene unos precedentes que están relacionados directamente
con los procesos de intolerancia religiosa que se vivieron, de manera
particularizada, entre fines del siglo XIV y a lo largo de todo el siglo XV en
la Península Ibérica. Fue una institución de carácter híbrido: aunque
esencialmente eclesiástica, puesto que el Papa la autorizó cediendo a las
presiones del rey Fernando y del Papa emanó siempre su jurisdicción, sin
embargo, desde su origen mismo le sirvió al Estado de útil instrumento para
conseguir fines políticos, que a veces poco tenían que ver con los religiosos.
El nacimiento de la Inquisición
española es un ejemplo meridiano, por un lado de que la Iglesia Católica había
decidido apostar por la defensa de una ortodoxia más estricta entre el conjunto
de los cristianos peninsulares y por otro de que los poderes político-administrativos
se subordinaron en estas cuestiones a las directrices de las jerarquías
cristianas, al aceptar ser el brazo ejecutor de las sentencias dictaminadas por
los tribunales inquisitoriales.
La Inquisición, en cuanto represión
de un “crimen” –la herejía– de doble filo (religioso y político-social), fue un
instrumento de los poderes seculares al servicio de sus propios fines
políticos, que a veces coincidían con los religiosos, pero que al menos en
esencia, eran y son distintos a ellos.[31]
Los primeros años de actuación de la
Inquisición se centraron mayoritariamente en el control e investigación de
numerosas personas de origen judío que se habían convertido al catolicismo, de
acuerdo o en sintonía con las preocupaciones sentidas situado asimismo en las más
altas esferas eclesiásticas y políticas de los reinos cristianos peninsulares.
El propósito de los procesos de la
Inquisición no era salvar el alma de los condenados sino garantizar el bien
público “extirpando”, la herejía. De ahí que la lectura de las sentencias y de
las abjuraciones tuviera que hacerse públicamente "para edificación de
todos y también para inspirar miedo", como señalaba el jurista Francisco Peña en 1578 en su comentario del
Manual del Inquisidor de Nicholas Eymerich. Así pues, era imprescindible
que el condenado afirmara ante el público congregado que había pecado y que se
arrepentía, para que sirviera de lección a todos los que le escuchaban, y a
quienes se invitaba también a que proclamaran solemnemente su fe. Ésa era la
finalidad del auto de fe.[32]
Los
autos de fe solían realizarse en un espacio público generalmente en días
festivos y duraban a veces el día entero y se celebraban con gran pompa. Los
rituales relacionados con la ceremonia comenzaban ya la noche anterior con una
procesión de las autoridades civiles y eclesiásticas y los condenados, vestidos
con ropas infamantes llamadas sambenitos
(la llamada procesión de la Cruz Verde). Se leían las condenas, y aquellos
destinados a la pena de la muerte, eran quemados en la hoguera en presencia de
todo el pueblo. Los años más difíciles fueron para los conversos los años 80
del siglo XV, muchos conversos huyeron y por eso muchas condenas estuvieron
ejecutadas in effigi. Los autos de fe
podían ser privados (auto particular) o públicos (auto público o auto general).
Los autos de fe se realizaban en
domingo o en día festivo porque, según el citado Manual de inquisidores de
Nicholas Eymerich, "conviene que una gran multitud asista al suplicio y a
los tormentos de los culpables, a fin de que el temor les aparte del mal".
"Es un espectáculo que llena de terror a los asistentes y una imagen
terrorífica del Juicio Final. Pues bien, éste es el sentimiento que conviene
inspirar". Por otro lado, "la presencia de los capítulos, de las
iglesias y de los magistrados da mayor esplendor a la ceremonia".El auto
de fe que se realizaba discretamente en las dependencias de la Inquisición se
llamaba autillo.[33] PEDRO BERRUGUETE. AUTO DE FE PRESIDIDO POR SANTO DOMINGO DE GUZMÁN
El primer auto de fe de la
Inquisición española tuvo lugar en Sevilla el 6 de febrero de 1481, y en los
primeros tiempos eran actos sobrios y austeros. "El público casi no
asistía a los autos; en lugar de un elaborado ceremonial, había poco más que un
simple rito religioso en el que se determinaban las penas para los herejes
detenidos. La ceremonia ni siquiera se celebraba necesariamente en un día
festivo, prueba de que no se contaba con la asistencia del público".7
Contamos con un relato del primer auto de fe celebrado en Toledo el domingo 12
de febrero de 1486, en el que se dice que 750 judeoconversos reconciliados
salieron en procesión de la Iglesia de San Pedro Mártir. "Con el gran frío que hazía, y la desonra y
mengua que recebían por la gran gente que los mirava, porque vino mucha gente
de las comarcas a los mirar, yvan dando muy grandes alaridos, y llorando
algunos se mesavan; créense más por la desonra que recebían que no por la
ofensa que a Dios hizieron". Cuando la procesión llegó a la "iglesia
mayor" en la puerta "estavan dos capellanes, los quales fazían la
señal de la cruz a cada uno en la frente, diziendo estas palabras: «Recibe la
señal de la cruz, la qual negaste e mal engañado perdiste»". Dentro de la
iglesia, "donde les dixeron misa y les predicaron", fueron llamados
uno por uno leyéndose a continuación "todas las cosas en que avía
judayzado". "E de que esto fue acabado, allí públicamente les dieron
la penitencia"[34]
Las primeras instrucciones
inquisitoriales fueron redactadas los años 1484, 1485, 1488 y 1498 bajo la
dirección del Inquisidor General fray Tomás de Torquemada, el primer inquisidor
al que siguieron en este Deza y Cisneros por este orden.
Los hijos y familiares de los
condenados por los tribunales inquisitoriales no tuvieran derecho alguno a
desempeñar determinados cargos públicos y a practicar unas muy concretas
profesiones, lo que enlazaba con las ideas de quienes pensaban que los
conversos no debían ejercer los oficios concejiles.[35]
Según Emilio La Parra y María
Ángeles Casado, el último auto de fe general que se celebró en España tuvo
lugar en Sevilla en 1781. La víctima fue María de los Dolores López, una mujer
de baja condición social, acusada de fingir revelaciones divinas y de mantener
relaciones sexuales con sus sucesivos confesores ("dormía con ellos en paños menores, estaba con mucha frecuencia
en cueros, y después la azotaban ellos mismos porque así convenía para su
salvación, bien que no constan que hubiesen actos completos", según
relató un fraile conocedor de caso). Fue denunciada por uno de los confesores,
que fue condenado por haber cometido el delito de solicitación. La mujer no se
arrepintió de sus errores porque según ella "nada , de lo que había hecho,
era pecado" y fue condenada a muerte. Tras la celebración del auto de fe,
que duró doce horas y en el que la condenada compareció vestida con un
sambenito y una coroza pintados con llamas y diablos, fue relajada al brazo
secular para ser ejecutada. Se le aplicó el garrote vil y después el cadáver
fue arrojado a una "gran hoguera"[36]
A petición de los inquisidores, que
comenzaron a actuar en Sevilla a finales de 1480, los reyes tomaron en 1483
otra decisión muy dura: expulsar a los judíos de Andalucía. Los inquisidores
habían convencido a los monarcas de que no lograrían acabar con el
criptojudaísmo si los conversos seguían manteniendo el contacto con los judíos.
En julio 1477, mientras duraba la
guerra civil, los Reyes Católicos, llegaron a Sevilla, con el fin de pacificar
Andalucía, instalando en ella su corte y permaneciendo en la ciudad hasta
diciembre de 1478. Dicha estancia supuso, entre otras cosas, el principio del
fin de la aljama hispalense, pues al conocer los reyes de cerca la peligrosa
realidad que suponía el floreciente judaísmo sevillano—tanto en lo relativo a
los judíos como, sobre todo, a los conversos judaizantes— tomaron una decisión
de enorme transcendencia: el establecimiento de la Inquisición.
Fue entonces cuando el fraile
dominico del convento de San Pablo fray Alonso de Hojeda, conocido como el
segundo fray Vicente les advirtió del peligro que acechaba no sólo a la ciudad,
sino a toda Andalucía, debido a la existencia de un alto número de conversos
que judaizaban, por lo que, tanto él como sus muchos seguidores, propusieron a
los reyes, como única solución del problema, el establecimiento de la
Inquisición en Sevilla, lo que tendría lugar el 1 de noviembre de 1478, por
bula del papa Sixto IV( 1471-1484), ciudad desde donde el temido tribunal se
extendería por todos los reinos dependientes de Fernando e Isabel.
En 1490 la inquisición está sólidamente
aceptada en todos los reinos, pero sólo puede actuar contra los cristianos, no
contra los judíos que en 1483 se procedió a la expulsión de los judíos de las
diócesis de Sevilla, Córdoba y Cádiz; tres años más tarde fueron expulsados de
Zaragoza y Albarracín, acusados de convivencia con los conversos. Pero mientras duró la guerra de Granada puede
afirmarse que los reyes mantuvieron la tradicional protección dispensada
normalmente por sus antecesores a los judíos. Algunos de los cuales fueron tesoreros
de la Hermandad y colectores de los subsidios para la guerra de Granada, lo que
no hará sino aumentar el odio popular contra ellos.[37]
Los conversos eran oficialmente
llamados cristianos nuevos pero en la era de odio se usaban muchas
denominaciones peyorativas y agraviantes como marranos o judaizantes, y en las
islas de Baleares eran conocidos como chuetas.
JUDERIA DE TOLEDO
La limpieza de sangre[38],
es decir, que una familia no se hubiera mezclado en ninguna ocasión con
miembros de otras religiones y en particular con judíos e incluso con
cristianos conversos —lo que en apariencia es bastante más des cabellado desde
el plano de la más pura doctrina cristiana—, se traducirá en un elemento de
referencia fundamental de las relaciones sociales castellanas, aragonesas, navarras
y portuguesas desde fines del siglo XV, aunque esta medida de carácter
profiláctico tuvo sus precedentes y generó pronto entre algunos conversos la
consiguiente respuesta.
Por tanto, un importante componente
de carácter etnicoreligioso —ya existente en determinados círculos de la
sociedad cristiana peninsular—, se había acabado consagrando institucionalmente
mediante la creación de un organismo, uno de cuyos objetivos principales fue la
investigación de las acusaciones y denuncias presentadas de forma exclusiva
contra los conversos, aunque aquéllas se hicieran estrictamente por motivos
religiosos, verdaderos o aparentes.[39]
El 31 de marzo de 1492, poco después
de finalizada la guerra de Granada –con la que se ponía fin al último reducto
musulmán de la península ibérica-, los Reyes Católicos firmaron en Granada el
decreto de expulsión de los judíos, aunque este no se haría público hasta
finales del mes de abril. Este decreto fue oficialmente anulado en 1973.
La iniciativa había partido de la Inquisición,
cuyo inquisidor general Tomás de Torquemada fue encargado por los reyes de la
redacción del decreto. En él se fijaba un plazo de cuatro meses, que acababa el
10 de agosto, para que los judíos abandonaran de forma definitiva la Corona de
Aragón y la Corona de Castilla: “acordamos
de mandar salir todos los judíos y judías de nuestros reinos y que jamás tornen
ni vuelvan a ellos ni alguno de ellos”. En el plazo fijado podrían vender
sus bienes inmuebles y llevarse el producto de la venta en forma de letras de
cambio —no en moneda acuñada o en oro y plata porque su salida estaba prohibida
por la ley— o de mercaderías.
Aunque en el edicto no se hacía
referencia a una posible conversión, esta alternativa estaba implícita. Como ha
destacado el historiador Luis Suárez los judíos disponían de "cuatro meses
para tomar la más terrible decisión de su vida: abandonar su fe para integrarse
en él (en el reino, en la comunidad política y civil), o salir del territorio a
fin de conservarla". [40]De
hecho durante los cuatro meses de plazo tácito que se dio para la conversión
muchos judíos se bautizaron, especialmente los ricos y los más cultos, y entre
ellos la inmensa mayoría de los rabinos.
Los judíos que decidieron no
convertirse tuvieron que malvender sus bienes debido a que contaban con muy
poco tiempo y tuvieron que aceptar las cantidades a veces ridículas que les
ofrecieron en forma de bienes que pudieran llevarse porque la salida de oro y
de plata del reino estaba prohibida –la posibilidad de llevarse letras de
cambio no les fue de mucha ayuda porque los banqueros, italianos en su mayoría,
les exigieron enormes intereses. También tuvieron graves dificultades para
recuperar el dinero prestado a cristianos. Además debían hacerse cargo de todos
los gastos del viaje –transporte, manutención, fletes de los barcos, peajes,
etc.
DECRETO DE EXPULSIÓN O DECRETO DE GRANADA
En el decreto se explica que el
motivo de la expulsión ha sido que los judíos servían de ejemplo e incitaban a
los conversos a volver a las prácticas de su antigua religión. Al principio del
mismo se dice: "Bien es sabido que en nuestros dominios, existen algunos
malos cristianos que han judaizado y han cometido apostasía contra la santa fe
Católica, siendo causa la mayoría por las relaciones entre judíos y
cristianos".
Según M.
Kriegel, la orden de destierro fue pronunciada conjuntamente por los soberanos
y la Inquisición, pero por iniciativa del Tribunal de la fe (M. Kriegel,
1978,1995). En este sentido, H. Beinart(1992, 1994) resalta que el decreto fue asumido por ambos
monarcas, de manera que no sólo tenía que cumplirse en las dos coronas —en la
de Aragón se publicó un mes después—, sino que también era prueba fehaciente de
una política común que tenía como fin principal lograr la unidad de España.
Los historiadores han debatido
extensamente sobre si además de los motivos expuestos por los Reyes Católicos
en el decreto hubo otros.[41]
Se ha alcanzado cierto consenso en situar la expulsión en el contexto europeo y
destacar que los Reyes Católicos en realidad fueron los últimos de los
soberanos de los grandes estados europeos occidentales en decretar la expulsión
–el reino de Inglaterra lo hizo en 1290, el reino de Francia en 1394.
El objetivo de todos ellos era
lograr la unidad de fe en sus estados, un principio que quedará definido en el
siglo XVI con la fórmula "cuius
regio, eius religio", que los súbditos deben profesar la misma
religión que su príncipe.36 Así pues, como ha destacado Joseph Pérez, con la
expulsión "se pone fin a una situación original en la Europa cristiana: la
de una nación que consiente la presencia de comunidades religiosas
distintas". "Lo que se pretendió entonces fue asimilar completamente
a judaizantes y judíos para que no existieran más que cristianos. Los reyes
debieron pensar que la perspectiva de la expulsión animaría a los judíos a
convertirse masivamente y que así una paulatina asimilación acabaría con los
restos del judaísmo. Se equivocaron en esto. Una amplia proporción prefirió
marcharse, con todo lo que ello suponía de desgarramientos, sacrificios y
vejaciones, y seguir fiel a su fe. Se negaron rotundamente a la asimilación que
se les ofrecía como alternativa".
En fin, la causa principal que inspiró
la expulsión de 1492 no fue otra que el empeño ilimitado de los reyes de
solucionar, de la mejor y más rápida manera posible, el problema de los
conversos judaizantes, que previamente habían hecho necesario el
establecimiento de la nueva Inquisición, en 1478, ya que muchos tenían el
convencimiento de que mientras hubiese judíos en el reino, siempre existiría el
peligro de contaminación para los conversos, más aún cuando los judíos, como no
eran cristianos, escapaban de la jurisdicción inquisitorial. Éste era,
básicamente, el razonamiento de los inquisidores, que lograron transmitir a los
monarcas, consiguiendo que interrumpieran radicalmente la línea política
tradicional de la monarquía española e iniciaran una nueva, de la que la
expulsión de los judíos de Andalucía —donde el problema converso era más
virulento— puede considerarse como el preámbulo.
El número de judíos expulsados sigue
siendo objeto de controversia. Las cifras han oscilado entre los 45.000 y los
350.000, aunque las investigaciones más recientes, según Joseph Pérez, la
sitúan en torno a los 50.000, teniendo en cuenta los miles de judíos que
después de marcharse regresaron a causa del maltrato que sufrieron en algunos
lugares de acogida, como en Fez, Marruecos. Julio Valdeón, citando también las
últimas investigaciones, sitúa la cifra entre los 70.000 y los 100.000, de los
que entre 50.000 y 80.000 procederían de la Corona de Castilla, aunque en estos
números no se contabilizan los retornados.[42]
Sin embargo, la mayor parte de los
judíos permanecieron firmes en su credo, prefiriendo el destierro a la
conversión y dando un alto ejemplo de fidelidad a su fe y a su tradición
religiosa y cultural, así como de solidaridad fraterna, defraudando las
posibles esperanzas de los mismos monarcas y de la gran mayoría de sus
consejeros. Así, su respuesta al decreto de expulsión que, para la mentalidad
contemporánea, puede interpretarse como un abuso de poder, y que estuvo motivado
por una rotunda voluntad de afirmación de identidad socioreligiosa fue
igualmente categórica, o aún mayor, si tenemos en cuenta lo limitado de sus fuerzas,
porque respondía, aunque con resultado distinto, a un mismo convencimiento
íntimo (T. de Azcona, 1964).
"En realidad, los judíos
españoles en el momento de su expulsión no formaban un grupo social homogéneo.
Había entre ellos clases como en la sociedad cristiana, una pequeña minoría de
hombres muy ricos y muy bien situados, junto a una masa de gente menuda: agricultores,
artesanos, tenderos". Lo que los unía era que practicaban la misma fe,
diferente de la única reconocida, lo que hacía de ellos una comunidad separada
dentro de la monarquía y que era "propiedad" de la corona que por
ello los protegía.(J.Pérez, 2009,168-169).
La expulsión de los judíos de España
se sitúa dentro de la construcción del Estado Moderno que exige una mayor
cohesión social fundamentada en la unidad de fe para imponer su autoridad a
todos los grupos e individuos del reino. A diferencia de la época medieval en
este tipo de Estado no caben los grupos que se rigen por normas particulares,
como era el caso de la comunidad judía. Por ello no es casual, advierte J.Pérez
(2013) que sólo tres meses después de haber eliminado el último reducto
musulmán de la península con la conquista del reino nazarí de Granada, decreten
la expulsión de los judíos. "Lo que se pretendió entonces fue asimilar
completamente a judaizantes y judíos para que no existieran más que cristianos.
Los reyes debieron pensar que la perspectiva de la expulsión animaría a los
judíos a convertirse masivamente y que así una paulatina asimilación acabaría
con los restos del judaísmo. Se equivocaron en esto. Una amplia proporción
prefirió marcharse, con todo lo que ello suponía de desgarramientos,
sacrificios y vejaciones, y seguir fiel a su fe. Se negaron rotundamente a la
asimilación que se les ofrecía como alternativa".
En 1492 termina, pues, la historia
del judaísmo español, que sólo llevará en adelante una existencia subterránea,
siempre amenazada por el aparato inquisitorial y la suspicacia de una opinión
pública que veía en judíos, judaizantes e incluso conversos sinceros a unos
enemigos naturales del catolicismo y de la idiosincrasia española, tal como la
entendieron e impusieron algunos responsables eclesiásticos e intelectuales, en
una actitud que rayaba en el racismo.
La mayoría de los judíos expulsados
se instalaron en el norte de África, el reino de Portugal, el reino de Navarra
o en los estados italianos –donde paradójicamente muchos presumieron de ser
españoles, de ahí que en el siglo XVI los españoles en Italia fueran frecuentemente
asimilados a judíos. Como de los dos primeros reinos también se les expulsó
pocos años más tarde, en 1497 y en 1498 respectivamente, tuvieron que emigrar
de nuevo. Los de Navarra se instalaron en Bayona en su mayoría. Y los de
Portugal acabaron en el norte de Europa (Inglaterra o Flandes). En el norte de
África, los que fueron al reino de Fez sufrieron todo tipo de maltratos y
fueron expoliados, incluso por los judíos que vivían allí desde hacía mucho
tiempo –de ahí que muchos optaran por regresar y bautizarse-.
Los que corrieron mejor suerte fueron los que
se instalaron en los territorios del Imperio Otomano, tanto en el norte de
África y en Oriente Próximo, como en los Balcanes -después de haber pasado por
Italia-. El sultán Bayaceto II dio órdenes para que fueran bien acogidos y su
sucesor Solimán el Magnífico exclamó en una ocasión refiriéndose al rey
Fernando: "¿A éste le llamáis rey que empobrece sus estados para enriquecer
los míos?". Este mismo sultán le comentó al embajador enviado por Carlos V
"que se maravillaba que hubiesen
echado los judíos de Castilla, pues era echar la riqueza".
Como algunos judíos identificaban
España, la península ibérica, con la
Sefarad bíblica, los judíos expulsados por los Reyes Católicos recibieron
el nombre de sefardíes. Estos, además
de su religión, "guardaron asimismo muchas de sus costumbres ancestrales y
particularmente conservaron hasta nuestros días el uso de la lengua española,
una lengua que, desde luego, no es exactamente la que se hablaba en la España
del siglo XV: como toda lengua viva, evolucionó y sufrió con el paso del tiempo
alteraciones notables, aunque las estructuras y características esenciales
siguieron siendo las del castellano bajomedieval. Los sefardíes nunca se
olvidaron de la tierra de sus padres, abrigando para ella sentimientos
encontrados: por una parte, el rencor por los trágicos acontecimientos de 1492;
por otra parte, andando el tiempo, la nostalgia de la patria perdida.
La expulsión de los judíos
probablemente no debió de ser del agrado de Isabel, lo que queda justificado
por su estrecha relación con ellos. La reina se vio obligada a tomar esta
difícil medida ante las presiones que llegaban desde la Iglesia: Fue una medida
extrema que no sólo se dio aquí. Fue algo que sucedió en toda Europa y que se
fue expandiendo, como hemos visto.
Cuando los monarcas católicos dictaron
el edicto de expulsión, los judíos habían sido expulsados de todos los países y
sólo quedaban dos por adoptar esa medida: Portugal y Austria, que muy pronto se
sumaron al sentimiento generalizado de odio a los hebreos.
Resulta curioso que dos años antes
de la expulsión (1490), en una carta enviada por los Reyes Católicos al concejo de Bilbao en
1490 se decía que "de derecho canónico y según las leyes de nuestros reinos, los judíos son
tolerados y sufridos y nos lesmandamos
tolerar y sufrir que vivan en nuestros reinos, como nuestros súbditos y
vasallos".[43]
Antes de la expulsión, que
evidentemente fue por razones religiosas y de Estado, los reyes intentaron
convertir a los judíos a la fe cristiana, y mandaron por todas las ciudades,
villas y aldeas, a predicadores para intentar atraerles hacia el catolicismo- Muchos,
escarmentados por las grandes matanzas del siglo XIV y por un futuro que se
avecinaba poco halagüeño se convirtieron, aunque algunos siguieron judaizando.
Contra éstos últimos-como hemos indicado- se estableció la Inquisición que les
perseguiría sin piedad.
Causas políticas: "Estamos en
unos tiempos en los que era habitual usar la religión como arma de cohesión
política, así que se valoraba muy positivamente que todos los súbditos de un
monarca compartieran una misma religión, sin fisuras ni diferencias."
Causas sociales: "Vinculadas,
entre otras cosas, con la animadversión que buena parte de la población cristiana
sentía hacia los judíos", lo que ocasionaba serios problemas de
convivencia, especialmente porque los judíos no renunciaban fácilmente a sus
creencias y tradiciones y tampoco muchos conversos.
Lo que sí que podemos descartar es
que los reyes pretendieran beneficiarse económicamente con la expulsión, pues
desde ese punto de vista las consecuencias fueron negativas: perdieron
población, en un momento en el que no se podían permitir ese lujo, debido,
entre otras cosas, a la existencia de tierras recién conquistadas que había que
poblar. Perdieron también a una población formada esencialmente por artesanos y
comerciantes, caracterizados por su gran dinamismo económico, con todo lo que
esto implica. Otro aspecto negativo es que contribuyó a incrementar la
presencia del criptojudaísmo, pues muchos de los que se convirtieron entonces
al cristianismo lo hicieron solamente por no tener que dejar la tierra en la
que habían nacido… Pero en su momento todo esto no se valoró, las
consideraciones que se hicieron fueron de otra índole". "Se pierde,
con la expulsión, en riqueza cultural, económica, social...desde luego nadie
salió ganando."
Sí que es cierto que hubo muchos
exiliados que acabaron regresando, en un lento goteo que se extendió hasta los
primeros años del siglo XVI; normalmente, se trataba de personas que se
enfrentaron a unas circunstancias tan duras tras su marcha, que al cabo de un
tiempo optaron por volver, aunque eso implicara el bautismo. Aunque los recién
convertidos quedaban expuestos a la actuación inquisitorial, sí que es cierto
que se trató de fomentar su integración; sabemos también que el propio Fernando
aconsejó a los inquisidores que fueran benevolentes con ellos, teniendo en
cuenta sus circunstancias personales.
Los Reyes Católicos sólo permitían
su regreso si lo hacían ya bautizados o se comprometían a hacerlo en la primera
población situada bajo su autoridad a la que llegaran. Los que no cumplían con
esas condiciones se enfrentaban a la pena capital.
[1]BENITO RUANO, E (1988): De la Alteridad en la Historia, Discurso de ingreso en la Real Academia de
la Historia leído el 22 de Mayo y contestación del Excmo. Sr. D. Antonio Rumeu
de Armas. Madrid, pp. 67-68.
,
[2] CANTERA MONTENEGRO, E: (1998);
La imagen del judío en la España medieval.Madrid. Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, H. Medieval, t. 11, p.14
[3] CARO
BAROJA,J(1978):Los judíos en la
España Moderna y Contemporánea, Madrid, Istmo, (2' ed.), 3 vols.
(en concreto el capítulo 4 de la Primera Parte de la obra, titulado «El
carácter judío según la doctrina antisemita tradicional», vol. I, pp . 91-107).
[4]VALDEON
BARUQUE, J.: Los conflictos sociales en el reino de Castilla en los siglos XIV
y XV, Siglo XXI, Madrid, 1975. pág. 133
[6]HINOJOSA MONTALVO,J: La economía
y la sociedad de los judíos en Castilla y la Corona de Aragón durante la Baja
Edad Media, p.83
[7]POGROMO
:persecución y matanza de gente judía indefensa por una multitud enfurecida.
[8]MONSALVO
ANTÓN, J.M (1985) Teoría y evolución
de un conflicto social. El antisemitismo en la Corona de Castilla en la Baja
Edad Media. Madrid, pp. 262-263.
[9] PÉREZ, JOSEPH,J (2012): Breve
Historia de la Inquisición en España. Barcelona: Crítica. pp. 13-15
[10]PETERS,E (1989): Inquisición.
University of California Press, p.84
[11]Conocido como el arcediano de Écija, fue un clérigo
español del siglo XIV, uno de los más importantes predicadores antisemitas. Se
hizo enormemente popular por sus sermones y predicaciones en los que
insistentemente excitaba el odio contra los judíos, a los que atribuía toda
clase de vicios, y a través de ellos fue el mayor impulsor de la revuelta
antijudía de 1391. A pesar de su cargo de arcediano en Écija, vivía en Sevilla,
como vicario general de Pedro Gómez Barroso Albornoz (el primer
cardenal-arzobispo de Sevilla, sobrino del también cardenal y arzobispo Gil de
Albornoz).
[12]VALDEÓN BARUQUE,J (2004)La cohesión social en la Corona de Castilla en tiempos de Isabel la Católica. Arbor CLXXVIII, 701 (Mayo 2004),
pp.63-66
[14] PÉREZ
MONZÓN, O y RODRÍGUEZ-PICAVEA, E (1995): Toledo y las tres culturas. Madrid.
Akal, p.14
[15] VALDEÓN BARUQUE, J (1972): “La
judería toledana en la guerra civil de Pedro I y Enrique II”, en Simposio
Toledo Judaico. Vol. I. Toledo, pp. 107-131
[16] LEÓN , P (1979):
Judíos de Toledo. Vol. I. Madrid, pp. 175-177.
[17] POR LOS
CAMINOS DE SEFARAD: ob, cit, pp.28-29
[18]BOIS, G (2009): La gran depresión medieval: siglos XIV-XV.
El precedente de una crisis sistémica. Valencia, p.120
[19] VALDEÖN
BARUQUE, J(2000): El chivo expiatorio.
Judíos, revueltas y vida cotidiana en la Edad Media. Ed. Ámbito, p.62:
[20]DE LOS RÍOS, A (1960):
Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal.
Madrid. T. Fontanet, pp. 992-95
[21]El año en que se emite la Carta
Real de Arévalo, 1450, es un año de recuperación del poder político de Alvaro
de Luna, socavado tras la revuelta de Toledo de 1449, y sólo restablecido
plenamente desde julio de 1451 . El dominio autocrático del condestable había
comenzado después de 1445 y acentuado en 1448 tras la ruptura total con la
nobleza castellana ( Castaño González,183).
[22] CASTAÑO GONZÁLEZ, J (1995): Las
aljamas judías de Castilla a mediados del siglo XV: la Carta Real de 1450. En
la España Medieval, nº 18. Servicio de Publicaciones. Univ. Complutense. Madrid
pp 182-183
[23]Aunque la
ley no se cumplió en todos los casos (por ejemplo, enUclés), pasó a formar parte delcorpuslegislativo, y se recogió en elOrdenamiento
de Montalvode 1484 (Libro
VII, título IIIDe judíos e
moros, Ley XQue se faga
apartamiento de judíos e moros).
[24] Sobre la revuelta toledana se
han escrito detallados estudios, entre ellos los de E. Benito Ruano,La
“Sentencia-Estatuto”, de Pero Sarmiento», en Revista de la Universidad de
Madrid, VI (1957),pp. 277-306 (reimpreso en su libro Los orígenes del problema
converso. Barcelona, 1976, Pp. 39-72);del mismo, «El Memorial” del bachiller
Marquillos de Mazarambroz, en Sefarad, XVII (1957), pp.314-51 (reimp. ibid.
93-132); del mismo, Toledo en el siglo xXV: vida política. Madrid, 1961,
especialmente pp. 33-79; N. 6. Round, «La rebelión toledana de t449, Archivum,
XVI (1966), pp. 385-446.
[25] VALDEÓN BARUQUE, J (2000): Los
conversos en Castilla, en Los conversos y la Inquisición. Sevilla, Fundación el
Monte, pp. 33-56.
[26]CASTAÑO GONZÁLEZ, J(1995):
Las aljamas judías de Castilla a mediados del siglo XV, ob, cit,p.193
[31]
ALCALÁ GALVE,A: Notas sobre la motivación política de la Inquisición :sus
variantes en la francesa, castellana y aragonesa. City University of New
York,p.318
[33]
Uno de los aspectos más curiosos es el estudio de los sambenitos, las túnicas
que llevaban los reos y en las que se solía dibujar el tipo de muerte de la
condena. Los sambenitos, capotillos y corozas que componían el resto de la
macabra indumentaria de los condenados no se limitaba a la iconografía del auto
de fe. Manuel Peña Díaz se adentra en la historia de estos hábitos cuando el
Santo Oficio decide no usarlos sólo en el auto de fe sino que ordena que esas
túnicas se cuelguen en la iglesia parroquial donde residiese el condenado o,
eventualmente, en la catedral. Se intentaba así mantener la sospecha sobre el
apellido. Eran las célebres mantetas y de ahí viene la frase de "tirar de
la manta", o sea, la amenaza de desvelar secretos ocultos de alguien.
[34] KAMEN,
H (2011): La Inquisición Española. Una
revisión histórica (3ª edición). Barcelona: Crítica, pp. 199-201.
[35]
MÁRQUEZ VILLANUEVA,
F(1957): Conversos y cargos concejiles en el siglo XV, Revista de Archivos, Bibliotecas y
Museos, LXIII 2, pp. 503-540.
[36]
LA PARRA LÓPEZ, E; Y CASADO, M.A (2013): La Inquisición en
España. Agonía y abolición. Madrid. Los Libros de la Catarata, p.30
[37]
RODRÍGUEZ SANCHEZ, A Y MARTÍN, JL (2004): La España de los Reyes Católicos. La
unificación territorial y el reinado (siglos XIV y XV). Madrid. Espasa Calpe,
p.531
[38]
Estatutos de limpieza de sangre fueron el mecanismo de discriminación legal
hacia la minoría judeoconversa. Consistían en exigir (al aspirante a ingresar
en las instituciones que lo adoptaban) el requisitode descender de padres que
pudieran asimismo probar descender de cristiano viejo. Para más informaciones
sobre la limpieza de sangre véase la página web:
www.pachami.com/Inquisicion/LimpiezaSangre.html
[39]GARCÍA, E (2005): Los conversos y
la inquisición. Clio-Crimen, nº2 pp. 207-236
[40]SUÁREZ , L (2012): La expulsión
de los judíos. Un problema europeo. Barcelona: Ariel, p.414
[41] VALDEÓN, J (2007): «El reinado de los Reyes Católicos.
Época crucial del antijudaísmo español». En GONZALO ÁLVAREZ CHILLIDA Y
RICARDO IZQUIERDO BENITO:El antisemitismo en España. Cuenca: Ediciones de
la Universidad de Castilla-La Mancha. pp 99-100
[42]PÉREZ, J (2013):
Historia de una tragedia. La expulsión de los judíos de España. Barcelona. Ed.
Crítica, pp. 129-132 y VALDEÖN, J(2007): El reinado de los Reyes
Católicos..: ob.cit, p.102.
[43]SUÁREZ FERNÁNDEZ, L (2012):
La expulsión de los judíos. Un problema europeo. Barcelona: Ariel.p. 414